|
EXTRACTO DEL GUIÓN DESECHADO DEL EPISODIO ESCENA 3º. En la cocina, de madrugada, se encuentra Dorothy comiendo pastel de queso. Juega con él de manera aburrida. Lanza algunos gemidos de hastío. Entra Sophia. SOPHIA Pero, hija, ¿qué haces a estas horas en la cocina? Que ya no estás casada, ¿recuerdas? DOROTHY (Responde con desgana.) Ya lo sé, mamá. SOPHIA Entonces, ¿qué te pasa? No será por lo de Blanche, ¿verdad? DOROTHY (Enérgica.) ¡No, qué va! (Duda.) Bueno... quizá. SOPHIA ¡Por las uvas de Sicilia, hija! ¡A estas alturas con celos! DOROTHY Sí, mamá, estoy celosa. Viendo a ese rudo marinero puertorriqueño, tatuado de la cabeza a los pies, con sólo un brazo, mirando a Blanche con su único ojo bueno como un adolescente a su primer amor, pues, me he sentido celosa. SOPHIA Por no mencionar que ayer casi destrozan el colchón de la habitación de al lado. DOROTHY (Alterada.) ¿Y qué quieres que te diga? SOPHIA Te contaré una historia. (Se sienta.) DOROTHY ¡Ah! SOPHIA Sicilia. 1904. Francesco vivía solo en su granja desde siempre. Nunca se le vio con nadie. Llegó a deprimirse y pensó que moriría aislado del mundo y sin que nadie lo recordara. Pero un día, de manera casual, se encontró un cerdo enorme en su jardín. En aquellos tiempos creíamos que esas cosas sólo pasaban por dos motivos: bien por un regalo de Dios o bien por un regalo de la mafia. Así que Francesco no se hizo preguntas y se apoderó de él. Su vida había cambiado. Ya no se sentía tan solo. Por las mañanas se reía con las guarrerías de su marrano. Por las tardes se sentaban juntos para ver las puestas de sol mientras jalaban mortadela como descosidos. Y por las noches daban rienda suelta a su pasión de una manera que sólo Dios puede juzgar. Eran felices. Pero un buen día, sin motivo alguno, el enorme cerdo se murió. Ante tal tragedia, Franceso sólo pudo hacer una cosa: comérselo. Dorothy mira atónita a su madre Que duermas bien, gatita. (Sale de la cocina.) --
|